miércoles, 18 de agosto de 2010





Hemos perdido aun este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde
con las manos unidas mientras la noche azul
caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana la fiesta del poniente
en los cerros lejanos.
A veces como una moneda se encendía
un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada de esa tristeza
que tú me conoces.
Entonces, dónde estabas? Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?

Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste,
y te siento lejana?
Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario